Cada noche, una madre murciélago lactante puede devorar más de 4.500 insectos, entre ellos los mosquitos, lo que implica un beneficio para el equilibrio del ecosistema.
El problema que tenemos con ellos es cuando aparecen en las viviendas y aunque generalmente no tienen contacto con los humanos y huyen ante nuestra presencia, conviene tomar algunas precauciones.
Sus refugios suelen estar en árboles frondosos, en grietas de paredes, altillos y tapa-rollos de persianas.
En principio no son peligrosos, pero a veces pueden enfermar de rabia y trasmitirla.
Si un ser humano o una mascota intenta tocarlo, pueden morder y contagiar.
Un comportamiento que debe alertar es cuando vuelan en pleno día y cuando se encuentran caídos o con dificultad para desplazarse.
En caso de encontrar un murciélago se debe evitar el contacto con él; hay que cubrirlo con un balde u otro recipiente y llamar a la Dirección de Zoonosis al 4512-3151.
Si se encuentra a un murciélago vivo o muerto dentro de la casa, es posible que éste haya mordido a alguien mientras dormía: las mordeduras de los murciélagos suelen ser difíciles de ver.
No se lo debe espantar si está vivo ni tirar a la basura si está muerto, porque la única manera de confirmar si está enfermo de rabia es haciendo análisis del murciélago en el laboratorio.
A un murciélago vivo hay que intentar atraparlo de manera segura, esperando que se pare en una pared u otra superficie y colocar una caja vacía sobre él, deslizando la tapa por debajo, cerrar bien y llevarlo a Zoonosis.
En caso de mordedura
Lavar la herida con abundante agua y jabón y concurrir de inmediato al Hospital Central de San Isidro (Av. Santa Fe 451) y luego a la Dirección de Zoonosis (3 de Febrero 536, San Isidro).




